Friday, January 18, 2008

Parálisis

Un lento pero renuente escalofrío recorre tu cuerpo a la vez que entumido das rienda suelta a tus pensamientos. Solo tu mirada es libre de recorrer aquel cuarto que te ha acogido durante tanto tiempo y bien se a convertido en tu fortaleza. Como una bala de cañón, que sin piedad pulveriza las paredes de tu yelmo, una realización resalta en tu mente: tus miembros no responden, tus manos se congelan y tus piernas cansadas ya de obedecer se revelan.



Como un relámpago la adrenalina te domina y el sudor te cubre. Yaces sobre tu cama, a tu espalda solo una sensación; un ajeno escalofrío que recorre tu espina. Un hombre o una sombra, no lo sabes pero tu estado no te permite averiguarlo. Tus oídos solo te permiten escuchar un lento y firme golpeteo en la puerta; alguien te llama, alguien ha venido por ti.
Tus únicos aliados son tus párpados que, cual soldados, se encuentran a la espera de nuevas instrucciones. Cansados y temblorosos imploran ser cerrados pero tu, por el momento, no haces caso pues te encuentras sumergido en la tentativa de saber a quien pertenece la sobra que te cubre. Poco a poco, un temblor interno te somete, el sonido del silencio y la desesperación te empujan a evadirte. Cierras los ojos solo para sumergirte en una obscuridad eterna que se desvanece.
Sofocado despiertas, tragando aire a bocanadas solo para encontrarte en posición fetal sobre tu cama.





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